El hincha de Boca

#Crónica
06/11/2025
Por: José Vargas
A las tres de la madrugada las ruedas del Airbus A320 tocaron suelo argentino, por la ventanilla vi las luces perimetrales de la pista, otros aviones y un cielo con sendos nubarrones que en cualquier momento dejaban caer un aguacero. Caminé varios metros hasta el puesto de migración en donde estaba un agente flaco y a juzgar como su cabeza sobresalía del habitáculo era un hombre bien alto. Pasaporte, miradas de sospecha, preguntas y respuestas apresuradas por los nervios. ¡Bienvenido a la Argentina! Salí por una puerta que se abrió a mi paso y vi una estatua a escala humana de Diego Armando Maradona.
Compré un chip o tarjeta sim card para conectarme con la red de telefonía del país para dar aviso que ya había llegado a Argentina y que hasta el momento todo estaba en orden. Me comí unas papas fritas de paquete que parecían viejas considerando su falta de crocancia y más adelante, en una cafetería llena de chinos, compré un café desastroso que dejé tras el primer sorbo.
Antes de emprender el viaje cometí el error de comprar pocos pesos argentinos, tenía no más de cinco mil de ellos, que para enero de 2023 era algo significativo, pero era de madrugada y debía tomar un bus desde Ezeiza hasta Liniers para luego un taxi hasta Villa Urquiza. Intenté comprar una tarjeta para poder embarcarme en el bus y los dos locales que la vendía estaban cerrados, así que salí a la calle con dos maletas con ruedas y una mochila en mi espalda para intentar convencer a alguien de que me vendiera un pasaje.
En la calle hacía calor, el verano en Buenos Aires suele tener temperaturas altas, incluso a la madrugada. A lo lejos se veía un cartel luminoso que marcaba las 3:40 y hacía 24 grados de temperatura. No había nadie en la zona de paradas del colectivo número 8, la que, según un empleado del aeropuerto, me llevaría directo a Liniers a casi una hora o un poco más de viaje. Esperé varios minutos, pasó un bus que no se detuvo y, a lo lejos, un hombre, una mujer y una niña se acercaron a mí mientras hablaban entre sí de un viaje a Europa de un ser querido.
-No llorés más. Aquí ya no tenía nada más qué hacer -Dijo el hombre de unos treinta y tantos mirando a una rubia abstraída en el llanto por el viaje de quien parecía ser su hermano menor. La niña -según mi juicio- era la hija de ellos y el hombre, robusto y calvo, tenía una camiseta de Boca Juniors de diseño retro o muy vieja. -Vos no entendés, es mi hermano y le prometí a mi vieja cuidarlo -replicó ella mirando al hombre con los ojos encharcados. Se alejaron un poco de mí, siguieron hablando y tras varios minutos se quedaron en silencio.
Yo estaba parado casi frente a un letrero con mucha información de buses y nombres de lugares, entre todo estaba el número 8 y se veía con claridad esperanzadora para mí el nombre Liniers. Ese lugar es famoso por tener una estación de buses que conecta varias partes del país y de la Provincia de Buenos Aires y era mí punto de referencia porque la persona que me recibiría me indicó que ahí debía quedarme y luego tomar un taxi.
El muy esperado bus número 8 no llegaba y yo seguía solo y sin la tarjeta para pagar el pasaje. Decidí caminar unos metros y le hablé al hincha de Boca. -No tarda en pasar, se demora, pero no falla -Me respondió el hombre que me miró fijamente y puso atención a mi voz que denotaba que no era de allí y a mis ojos que le gritaban que era un migrante. ¿Y cuánto vale el pasaje? Le pregunté de inmediato. -80 pesos -me dijo, mientras con su mirada veía a lo lejos para ver si venía el bus.
Yo me quedé callado por unos segundos y volví a la pregunta -¿Me puede vender un pasaje? -y casi de inmediato me dijo que sí, que sabía que le iba a pedir eso, que con gusto me ayudaba. Soy colombiano, eran más de las 3 de la mañana, estaba solo, en el extranjero y toda mi historia de vida me decía que no podía confiar en nadie, que me podían robar, que ese hombre me podía dar indicaciones falsas, pero al mismo tiempo me di cuenta de que no tenía alternativa, por lo que decidí confiar en él con más nervios que esperanza de que todo saliera bien.
El número 8 apareció, era un bus vintage, no era viejo, era una especie de imitación de algo de los 80 o 90. Era amplio, muy espacioso y solo llevaba dos pasajeros que parecían empleados de una obra de construcción a juzgar por las herramientas y sus ropas. El hincha de Boca me hizo subir primero, atrás mío iba la mujer con la niña en brazos, me senté y pude ver al hombre pagar los pasajes, se sentó y con su mirada me dijo “listo”. Le di las gracias de manera muy sonora, puse mis maletas en una posición que nadie pudiera arrebatármelas fácilmente y abracé mi mochila. Fue un momento de esos en los que la vida pasa rápidamente y se siente un aluvión de sensaciones. Tenía las emociones a flor de piel.
Estaba muy nervioso, tenía miedo. El hincha de Boca se dio cuenta y me empezó a hablar con un tono muy familiar. -Como en una hora llegás a Liniers -me dijo mientras con su mirada me decía que me calmara. Asentí con mi cabeza y antes de preguntarle algo volvió a hablarme -Ustedes los colombianos nos traen suerte -dijo -¿Por qué? -le pregunté -¿Le parece poco lo de Córdoba, el ‘Chicho’ y Bermúdez? -No, le dije con mi cabeza. Se levantó y se sentó al lado mío y me empezó a hablar como un padre lo hace con un hijo.
Nunca sabré porqué lo hizo. No supe su nombre y él no supo el mío. Para mí era el hincha de Boca que me pagó el pasaje y yo el colombiano asustado. Durante varios minutos me dio indicaciones de un montón de cosas que no podía retener, era demasiada información. Empezamos a hablar con naturalidad, como dos amigos y esa hora se pasó muy rápido y a pocas cuadras de un semáforo me dijo que ahí debía bajarme y caminar una cuadra. -Ahí queda Liniers, ahí afuera hay taxis. Le di las gracias con un apretón de manos, tomé mis dos maletas y me bajé del bus, caminé rápido, tomé el primer taxi, le di indicaciones al chofer y cuando estaba un poco más calmado giré mi cabeza con rapidez para ver si veía el bus, lo hice como si me hubiera dado cuenta de algo: había olvidado pagarle el pasaje al hincha de Boca.

