Ingrid y el dummy de Petro

#Opinión
27/11/2025
Por: José Vargas
Mientras se comía un buen plato de escargots de Bourgogne y estando muy preocupada porque la plata no le estaba alcanzando, se le ocurrió una gran idea: volver a Colombia y lanzarse al Senado de la República. Esa era Ingrid Betancourt que tras pensarlo empezó a sonreír mostrando los dientes verdes por la beurre à la bourguignonne que luego enjuagó con vino blanco barato comprado en un Lidl de la esquina y pagado a seis cuotas. Armó dos maletas, empacó los trajes más fúnebres que encontró, un collar de perlas robado a su mamá y un dummy de Gustavo Petro para no sentirse sola.
La aeronave que la traía al país tuvo que hacer muchos giros en la aproximación a Bogotá debido a una fuerte turbulencia que mecía a la aeronave de izquierda a derecha una y otra vez. En una de esas vueltas el avión sobrevoló las selvas del Caquetá e Ingrid desde el fondo del avión, clase económica, por su puesto, empezó a gritar para que el piloto aterrizara en cualquier parte; ella quería hacerse unas nuevas fotos, ideales para su campaña. Finalmente, su vuelo llegó a la capital con mucha demora y la candidata al pisar suelo bogotano saludó a sus seguidores sentados en una banca mientras sostenían un cartel que decía: “las mujeres que nos hacemos violar te saludan”.
La mujer sacaba la cabeza por la ventana de la camioneta desobedeciendo las indicaciones de su equipo de seguridad y saludaba a cuanto transeúnte veía en los andenes de la capital. Gritaba, agitaba sus manos mientras la gente se preguntaba quién era aquella persona desesperada. Un medio de comunicación sin pauta del gobierno nacional publicó que una mujer cuyo rostro era familiar protagonizó un escándalo en la vía pública desde una camioneta de la UNP. “Así se gastan la plata de los colombianos, en traslados de gente desequilibrada por las calles de Bogotá”. Y finalizó la nota preguntando: “¿Quién será esta mujer? Se sospecha que sea Laura Sarabia en un brote psicótico”.
Ingrid se hospedó en el Hotel Tequendama, pidió descuento por reserva de último minuto, se lo dieron; luego pidió ampliar el descuento por alguna razón extraña que el conserje no pudo entender. Decidió quedarse a pesar del agravio al sentirse casi ignorada y se fue a dormir en el piso, mientras el dummy de Petro lo acomodó en la cama, lo arropó y le dio un besito de buenas noches. Soñó que era coronada como emperatriz de Francia, reina de Italia y vizcondesa del Caguán, estaba vestida de una musculosa blanca roída y el cabello planchado al vapor de una olla al baño María. Al levantarse dijo en voz alta que eso era casi una revelación de la Trinidad y salió a preparar su campaña con buena decisión.
En las calles caminó por la carrera séptima y saludó a un millón de personas, todos y cada uno de ellos y ellas se quedaban atónitos por lo familiar que les resultaba aquel rostro, pero nadie lograba recordarla. La señora Dioselina en su carrito de tintos dijo que era una actriz francesa muy famosa, mientras que Víctor, el vendedor de frutas, afirmó que se trataba de una politóloga que había perdido el juicio cuando descubrió a su marido en un salón de masajes eróticos en el norte de Bogotá.
Al llegar a la Plaza de Bolívar siguieron los gritos, los discursos en lenguas, los puños en alto y de la nada apareció una bolsa de tomates y la mujer empezó a lanzar uno a uno contra el dummy de Petro que quedó colorado de pies a cabeza. Luego dijo que sería senadora de ese platanal pestilente y a viva voz afrancesada declaró sus propuestas. En primer lugar, haría un proyecto de ley para que se imprimiesen 50 millones de dummies de tamaño de real de Gustavo Petro para que la gente de todo el país descargara su furia contra el político como quisieren. Lo segundo que haría sería rebautizar las calles y algunos lugares, por ejemplo, la zona de los moteles de la calle 63 en Bogotá le pondría Marc Gonsalves. A la autopista norte le pondría República de Francia, al barrio Chapinero lo llamaría barrio Latino, al metro de Bogotá como Le Tromé, al aeropuerto el Dorado se le cambiaría el nombre a Antoine de Saint Exupéry, la autopista sur quedaría convertida en avenida de Argelia y a la NQS como Nueva Avenida de Los Campos de Luis Eladio Pérez.
Luego, leyó trepada en la estatua del libertador una especie de proclama en la que anunciaba que no estaría sola en esa gran gesta por la nueva independencia de Colombia y, como carecía de más ideas, se dedicó a burlarse del dummy que a esa hora estaba lleno de palomas que lo merodeaban. Dijo que se lanzaría al Senado de la República acompañada de gente honorable, como Sofía Gaviria Correa, y dentro de las primeras cosas que haría estaba legislar para validar títulos de tierras compradas de manera dudosa por la familia Gaviria Correa en los Montes de María. Luego les daría un crédito y para eso iba a pedir asesoría de Andrés Felipe Arias.
Muy cerca de ella correría una experta en vivienda, construcciones, financiaciones dudosas de campañas, amiga de Andrés Felipe Arias y de otorgar concesiones mineras rápidas, la exministra Beatriz Uribe Botero. Por otra parte, Silverio Gómez Cardona pasaría de entrevistas incendiarias con Fernando Londoño a asesorar en asuntos económicos a Ingrid, mientras escribía un nuevo libro vaticinando desastres que nunca se darían.
Su alfil sería John Fran Pinchao Blanco, expolicía secuestrado por las FARC, luchador de cabezazos libres y quien no tenía idea qué hacía Ingrid subida en la estatua de Bolívar, pidiéndole durante varias horas que se bajara a cambio de un caramelo. Otras personas que se destacan en los amigos seleccionados por Ingrid es un exdirector de la Unidad de Restitución de Tierras, pero que antes estuvo en Fedepalma, entidad que defendió los intereses de empresas productoras de aceite de palma, muchas de ellas salpicadas por compra de predios despojados en la guerra, la misma que mantuvo a Ingrid amarrada por años a un árbol.
Y, al faltar las ideas o propuestas, toda esa gente se puso una camiseta diseñada por el mismo equipo creativo de Colombiana o por Juan Carlos Lecompte y seleccionaron un enemigo, porque es más fácil agarrarse de alguien o contra alguien para jalonar los votos de algunos que creen en malabares y actos de magia que hacen aparecer y desaparecer gente cada cuatro años. Ingrid finalmente se bajó de la estatua del libertador, hizo una pausa activa, calmó su respiración con una bolsa de papel en su boca y salió caminando sola, dejando a sus amigos solos que la miraban con pesadumbre y en silencio. Ella se fue con el dummy de Petro, lo abrazaba, lo atesoraba y lo cargaba en sus hombros sabiendo que si esa figura desaparecía ella se diluiría en las calles de Bogotá mientras soñaba que aún estaba en París.
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