Rumbón presidencial

#Relato
12/08/2026
Por: José Vargas
El pasado 7 de agosto estuve invitado a la fiesta de cambio de gobierno en la Casa de Nariño, no sé si fue Petro o Abelardo quien me invitó; pero decidí ir porque hace tiempo no me codeaba con la alta sociedad. La tarjeta de invitación decía que la hora del festejo era a las siete de la noche, que la guayabera era el traje a lucir y que tendría que llevar mi propia bebida. Era la primera vez en la historia del país que el rumbón presidencial tendría al jefe de Estado saliente y al entrante, a sus ministros, asesores y allegados, así como uno que otro lagarto coctelero como Juan Gossaín y Samy Bessudo.
Llegué minutos antes de las siete de la noche, quería estar cerca de la entrada para ver a cada uno de los invitados y contar en estas líneas todos los detalles. El primero en ingresar fue Armando “El Camaleón” Benedetti, estaba con una guayabera amarilla, pantaloneta y un flotador en su cintura por si se hundían todos. Saludó con un abrazo a Gustavo, le dijo cosas al oído, se agarraron el culo y luego le dio un besito a Abelardo y de paso le entregó una hoja de vida con la foto actualizada.
Casi al instante ingresó Mafe Cabal con una recua de jugadores vallunos que llevaban un parlante con salsa choque. Tenía puesto un vestido negro escotado, largo, con una apertura en la pierna derecha que mostraba unas piernas forradas en el velo de una media traslucida, tanto que Gustavo salió a recibirla muy atento. Abelardo la miró con desdén al confundirla con Marbelle y se alejó un poco dando órdenes a los meseros para que empezaran a repartir whisky. Gustavo hizo lo propio pidiendo el ingreso del aguardiente y la cerveza.
La fila de invitados ingresaba rápidamente, por lo que la música empezó a sonar para ir amenizando. Gustavo pedía a Los Niños Vallenatos y Abelardo vociferaba que debía ser Natalia París con algunos ‘beats’. Finalmente, al fondo y de la nada, apareció Silvestre Dangond que le quitó el micrófono a uno de los niños y empezó a cantar, Gustavo invitó a bailar a Mafe y Abelardo se fue a tomar un negroni. Pronto el salón estaba lleno de toda clase de político, empresario, narcotraficante, pastor evangélico, futbolista godo, reina de belleza y desde luego Samy Bessudo.
Los hermanos Char llegaron borrachos y traían a Elsa Noguera con una cadena al cuello y la pusieron en el hombro de Abelardo. Era como un regalo tropical al nuevo jefe de Estado. –“Es buena para algo, en cualquier ministerio cabe”, le dijo Alex mordiéndole la oreja a Abelardo. El vicepresidente Restrepo ingresaba en escena, bajaba por unas escaleras que daban al gran salón, llevaba un traje napoleónico, corona de laureles y sus hijos al frente lanzaban pétalos de rosas para que caminara. Empezó a hablar solo, ignoró a Abelardo, pisó a Gustavo e iba y venía por el salón, interrumpió todas las charlas que inició Abelardo y le dijo a la prensa que él daría todas las entrevistas de la noche.
A las ocho de la noche el rumbón estaba al garete, yo estaba sentado en la mesa del fondo en donde veía todo. Natalia París intentaba tocar los platos sin darse cuenta de que estaba desconectada la consola, Los Niños Vallenatos cantaban con Silvestre, el negroni se acabó pronto por culpa de Abelardo y el aguardiente dominaba la escena. Sergio Fajardo gritó en la mitad del salón que amaba a Uribe y cayó fundido de la borrachera. Robledo lo agarró en brazos y trató de sacarlo del medio de todo para llevarlo a la izquierda del salón.
Los pasabocas se agotaron rápidamente, al fondo estaba Ernesto “el elefante” Samper con bandejas llenas de camarones, galletas saltinas con mermelada de ñame, empanadas y trocitos de veleño con queso, –A mí no me preocupa que me vean gordo, sino que me vean flaco –espetó Ernestico. Francia Márquez, a quien ya le habían notificado que estaba desempleada, puso un puesto de venta de chontaduro y se sentó sobre una almohada de plumas de ganso en un rincón muy cerca de Ernesto.
Todo el mundo confundía a Polo Polo con un mesero, quien se irritó tanto con la situación que fue a pedirle ayuda a Abelardo que lo ignoró mientras conversaba con Viviane Morales, entonces se fue cabizbajo para donde Mafe que lo miró con desdén y siguió bailando con los futbolistas vallunos. Uribe Vélez no fue, en todo el salón se hablaba del gran ausente y nadie daba razón, pero lo que no se sospechaba era que el viejo estaba desde El Ubérrimo viendo y escuchando todo gracias a unas cámaras y micrófonos que María del Pilar ‘La Coneja’ Hurtado había instalado años atrás.
‘Fico’ Gutiérrez le decía a Abelardo que le gustaba una oficina del segundo piso para poner una sucursal de un emprendimiento que había puesto de cobro de deudas y que era muy próspero en Envigado. Elsa Noguera había logrado bajarse del hombro del presidente entrante y se había dejado llevar por la música y azotaba la pista con un parejo formidable, el inquieto Navarro Wolff. La música no paraba de sonar, el aguardiente lloviendo por todas partes, Gustavo ya mirando de nuevo a Verónica, Abelardo le decía a una periodista que su entrepierna era un portento, Roy Barreras le juraba amor eterno a Gustavo mientras le picaba el ojo a José Manuel “el emperador” Restrepo.
De la nada Mafe resultó bailando sensualmente, se sacudía su vestido negro y posaba para las cámaras formándose una algarabía de piropos y silbidos, casi todos venían de un Gustavo medio borracho. La entrante “primera dama” pedía orden y ungía a la guardia presidencial para que sacaran a la mujer, pero los guardias estaban en un trencito con Verónica Alcocer que le hacía fieros a Gustavo que se desquitó sacando a bailar la murga de Panamá a una joven misteriosa.
Un grupo de paramilitares ingresó por un túnel y se coló en la fiesta, lucían ropa de Gino Passcalli, un tipo que estaba con ellos hablaba en italiano y Abelardo lo abrazaba y le prometía negocios. Carlos Alfonso Lucio –quien había llegado tarde y sin Viviane Morales– se perdió del salón al mismo tiempo que Ingrid Betancourt, quien logró colarse en el rumbón tras suplicarle a un guarda que la dejara pasar.
De tanto aguardiente me dieron ganas de orinar, recorrí los pasillos de Palacio y poco a poco la música se fue desvaneciendo, por lo que entendí que debía estar lejos. Abrí una puerta y estaba Belisario mirando por una ventana, hasta ese momento creía que se había muerto hace unos años, me acerqué y me di cuenta de que estaba observando en dirección al Palacio de Justicia. Creo que vi un fantasma. En otra de las puertas que abrí sorprendí a Laura Sarabia destruyendo hojas en una picadora de papel y del otro lado había una niñera sentada y conectada a un polígrafo, Sarabia gritaba como posesa por unos dólares. Me metí al baño de esa oficina y encontré una bolsa con dólares y otra “platica”.
Salí corriendo del lugar y me fui metiendo por la primera puerta que encontré, era una habitación con una cama partida en el piso, Carlos Alfonso Lucio en calzoncillos intentaba repararla y del otro lado de la alcoba pasó corriendo una mujer que parecía Ingrid envuelta en una sábana. Volví al salón del jolgorio con la cabeza confundida por esas escenas de Sanabria, la mujer atada, Lucio e Ingrid, pero pronto se me pasó cuando vi a Nerú bailando el mapalé mientras Verónica y Mafe lo rodeaban y gritaban. Polo Polo se había rendido y ya estaba repartiendo negronis. Lucio volvió apresurado todo descamisado, Ingrid escondiéndose le pedía por la espalda a Abelardo la embajada de Francia porque necesitaba devolverse a su país.
Yo con el mapalé me animé y salí al baile, esquivé a Mafe, pasé por un lado de Verónica, le hice el quite a Ingrid que me había confundido con Lucio hasta que me encontré a Susana Muhamad bailando al garete y yo me puse picoso con ella. Benedetti estaba ordenando que me expulsaran del salón mientras amenazaba a Susana con una transmisión en vivo. Me alejé para salvar la fiesta y poder seguir adentro.
La noche se iba y entendí que era mejor irme despidiendo para evitar salir en las fotos de Jet Set al lado de esos borrachos, o quizás bailando con Mafe, lo que sería mi mayor vergüenza. A la salida de Palacio y tras la puerta estaba Felipe Harman con Mauricio López exigiendo que los dejaran entrar, el primero le gritaba al guarda que había sido el mejor funcionario del gobierno Petro, mientras sacaba pecho y abría sus brazos como el mesías. López pedía que lo buscaran nuevamente en el listado, que el Tigre le había prometido un ministerio, una secretaría, un contrato, una migaja o cualquier cosa, pero que él debía estar adentro. Nunca pudo entrar y se fue a un apartamento en el norte y armó un fiestón que duró hasta el amanecer, no dejó dormir a nadie y ni la Policía pudo silenciar el ruido del jolgorio.
Salí caminando, alcancé la Séptima, iba tranquilo, pateé un par de piedras, salté unos charcos de agua empozada y de repente pasó Gustavo borracho, llevaba una botella de cerveza en su mano derecha y en la izquierda la espada de Bolívar. Gritaba en lenguas mientras se alejaba desnudo montando un caballo que le había prestado un reciclador. Tras él iba Abelardo sobre un tanque de guerra ordenando atrapar al guerrillero, las balas silbaban, las arengas de Gustavo se alejaban y la rabieta de Abelardo aturdía las calles capitalinas que poco a poco se sumergían en la profundidad de la más oscura de todas las noches.

