Abelardo contra las culturas

Abelardo contra las culturas

#Opinión

05/11/2026

Por: José Vargas

Abelardo de la Espriella está dando batalla, está atacando de manera directa, sin eufemismos, a la cultura, lo hace con acciones abiertas contra lo que considera diferente a sus ideas de derecha. Es un hombre homófobo, transfóbico, misógino, que se opone al derecho que tienen las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, es un racista y clasista compulsivo, es un antiderechos, pero además es un populista que apela a lo simbólico para agitar la masa que lo sigue, lo respalda y lo llevó al poder. Abelardo sabe que para construir la nueva derecha necesita eliminar, incluso físicamente, aquellas expresiones diferentes a su modelo y eso es peligroso para quienes están en la otra orilla política.

El primer movimiento fue nombrar a Paola Holguín en el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, una acérrima detractora de la Jurisdicción Especial para la Paz, tanto que ha promovido acciones para desmontarla y retirar el “blindaje” jurídico que tienen los acuerdos de paz. Hoy, a este ministerio se le ha retirado la pluralidad; ha vuelto a llamarse Cultura y Patrimonio, por alguna razón les molesta todo aquello terminado en «s» y lo defienden desde lo semántico; pero de fondo todo aquello que se reconoce y nace de la diversidad, lo que no es homogéneo le resulta incómodo a Abelardo y a su nueva derecha.

El orden hegemónico ve en el libre mercado una manifestación legítima de diversidad social porque esto permite que el individuo se relacione a voluntad mediante el capital. La idea es tan simple como reduccionista; el flujo de capitales y la globalización crean nuevos modelos híbridos que no hubiesen aparecido sin la existencia en ambientes proteccionistas. Dentro del sistema asustadizo ante la diferencia conviven grupos cristianos, liberales y conservadores, tecnócratas, libertarios y otros con ideas nacionalistas fuertes, esa es su pluralidad que, en síntesis, son conjuntos que se orientan al mismo resultado: mantener las estructuras tradicionales históricas y desconocer otras identidades.

Las demandas de nuevos derechos, la aparición de manifestaciones de “minorías”, el arte contrahegemónico, las nuevas formas de familias, la inclusión y las orientaciones sexuales diversas, para esa derecha, son una amenaza al orden y la tradición. Su fragilidad les dice que esas voces, personas e ideas van a fragmentar la sociedad que han construido durante años, es decir, temen que alguien exprese que no cree en Dios, que no cree en la democracia, que no cree en ese orden social, que por cierto es violento. Si esas instituciones y lo establecido fueran fuertes no deberían temer, pero saben que su poder ha sido construido por medio de la represión y la ignorancia.

Otto von Bismarck utilizó el término “lucha por la cultura” para referirse a un conflicto abierto entre el Estado alemán y la Iglesia católica por el control de la educación y los asuntos estatales. A finales del siglo XIX, Alemania se reunificaba; nacía un país que apartaba la monarquía y las viejas instituciones, y el clero pataleaba con toda su fuerza para mantener el control casi total de las instituciones de educación. El poder de la Iglesia católica en Europa se construyó sobre dos cimientos: mantener al pueblo ignorante (educación) y la violencia contra el disenso respaldada por las monarquías. Desde hace 150 años la guerra cultural ha sido la misma: quienes están en desacuerdo con la pluralidad provienen de la derecha religiosa, antiderechos, misógina, empobrecedora y violenta. Los alfiles de Abelardo en sectores clave como cultura, educación y familia no son simples coincidencias.

Viviane Morales en el Ministerio de Educación fue uno de los nombramientos más sonados, el de una mujer que usa el término “cruzada” para referirse a la defensa de la familia tradicional. Así como para declarar con vehemencia que las parejas del mismo sexo no puedan adoptar ni casarse, esto en síntesis es negarle a una persona los efectos jurídicos derivados del matrimonio o de la relación conyugal. Si la defensa de la propiedad privada es irrestricta, vale la pena preguntarse por los bienes adquiridos por una pareja del mismo sexo durante su relación, así como por su herencia.

Entre 2008 y 2024, según el DANE, se registraron 2,2 millones de nacidos vivos con madres menores de 20 años, de los cuales 94 mil correspondieron a niñas entre los 10 y los 14 años y el resto con menores entre los 15 y los 19 años y, en un amplio porcentaje, que cursaban sus estudios de secundaria. Muchos de esos nacimientos quedaban fuera del sistema de familia tradicional, los niños y niñas eran educados por sus abuelos y abuelas, tíos, tías e incluso con dificultades para el acceso a la salud. Las estadísticas también destacan que el país pasó de unos 160 mil embarazos en adolescentes por año a unos 64 mil, es decir, una reducción de más del 50%; la razón es muy simple: educación sexual integral dentro de las escuelas y colegios.

Esa misma educación en derechos sexuales, reproductivos, prevención de enfermedades de transmisión sexual y el reconocimiento del cuerpo es un blanco para Abelardo, para esa derecha que dice defender la vida sin importar el costo social de embarazos no planificados. Viviane Morales, en su fugaz paso por el Ministerio de Educación, declaró que daría “batalla” contra lo que llaman mal —porque no lo entienden— “ideología de género”, expresión creada por la derecha, no por la izquierda, para referirse a todo aquello que habla de derechos sexuales y reproductivos.

Ahora el Instituto Caro y Cuervo es un megáfono oficial que apunta también contra lo disidente. Su actual director resultó ser un demagogo que expone sus posturas y juicios de valor por encima de la gestión de una de las instituciones culturales de mayor impacto académico del país. Sergio Esteban Vélez es un confundido que no entiende que las instituciones son más grandes que sus miembros, directores y directoras y que precisamente son la pluralidad cultural, venga de donde venga, la que debe primar en la gestión de la institución, y no los juicios de valor hegemónicos.

Sergio, parafraseándolo un poco, es un pobre hombre consumido por sus propios demonios y no así Andrés, el caleño los abrazó. En cambio, Vélez es un pseudointelectual atrapado entre juicios de valor y los intríngulis de la mafia conservadora que ha gobernado el país por doscientos años; algún día él se dará cuenta del pantano en el que se ha metido. A Sergio hay que recordarle que el patrimonio lingüístico colombiano es la pluralidad de todas y todos los que han habitado, habitan y habitarán el país. Esa grandeza no le pertenece a ningún partido político, mucho menos a un presidente lenguaraz con las instituciones que dice defender y que tiene miedo de todo aquello que es distinto a sus preconcepciones.

Para la derecha que representa Abelardo, hay que dar la batalla cultural porque fragmenta la sociedad entre víctimas y victimarios, porque en el fondo todo queda reducido a blanco y negro, buenos y malos, arriba o abajo. Las tensiones, que esa misma derecha ha creado, en torno a la defensa de las libertades individuales, atraviesan una serie de contradicciones no solo semánticas, sino también de facto. De la Espriella parece odiar las simbologías y hasta ordena retirarlas de los museos, pero habla por radio y usa un arma en la cintura para exteriorizar su hipermasculinidad autoritaria y su ego; sus actos desde luego pasarán a la historia y algún día, un póster de Abelardo encabritado en sus alucinaciones napoleónicas llegará al Museo Nacional.

*Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición del medio.

José Vargas

José Vargas

Estudió periodismo para preguntar porque nunca entiende nada y no sabe nada, por admiración a Jaime Garzón y por creer que alguien tiene que contar la historia. Por convicción es cuentista y novelista, más y mejor lo primero que lo segundo. Escribió su primera novela inspirado en el Llano colombiano e influenciado fuertemente por el tiempo, el territorio y el realismo. El susurro de las tripas fue publicado en tiempos de pandemia con Nueve Editores, editorial con la que repitió su segunda novela, El peso de la guitarra. Desde inicios del año 2023 vive en Argentina, en donde escribió su nueva novela Las tareas de Simón, un acercamiento al estilo surreal e informal que ha buscado por años.

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