¡Esto sí es La Tapa!

¡Esto sí es La Tapa!

#CríticaDeMedios

04/02/2026

Por: José Vargas

¿Qué es un medio de comunicación? Fue una de las preguntas que un día una excompañera de estudios en la universidad le realizó a un profesor, quien respondió con cierto grado de burla, desdén y hasta con un toque de obviedad en su rostro por aquel cuestionamiento. Realmente no era algo menor, y no lo es porque si analizamos el sentido profundo de esa definición se vislumbran conflictos, dilemas y se dan luces de la función social de la prensa, sus responsabilidades, deberes, derechos y, aunque no lo parezca, hasta se debe abordar desde la muy sonada crisis de los medios de comunicación en el mundo.

Ese profesor habló de los noticieros y la prensa escrita, luego se metió con la radio, la televisión y se fue alejando en un mar de imprecisiones mayúsculas; era evidente que esto tan obvio lo “corchó” y todo el salón se fue a casa aquella noche con ideas disparatadas. Lo inmediato es decir que un medio de comunicación es un dispositivo analógico o digital por el que discurre información, los hay impresos, audiovisuales, digitales, radiofónicos y exteriores. Desde luego, la definición se ha robustecido categorizándolo como estructuras complejas para recibir, procesar, difundir y retroalimentar la información. Es decir, los medios de comunicación ahora son estructuras complejas y no solo deben quedar circunscritos a los medios por los cuales se difunden o se proyectan.

Hablar de los medios de comunicación hoy es debatir inexorablemente sobre la sociedad; el debate es profundo, complejo, pero al mismo tiempo extraordinario. ¿Cómo nos vemos? ¿Cómo somos vistos? ¿Quiénes somos y quiénes son ellos? Manuel Castells en su libro La era de la información planteó que los medios de comunicación construyen poder, identidad y formas de ver el mundo. Y para Lasswell, estos son entidades e instrumentos altamente relacionados con el entorno y que cumplen funciones de vigilancia.

Es decir, aquello denominado medios de comunicación, no es más que otra estructura sofisticada de construcción de poder social y esto evalúa y define qué identidades son valoradas y cuáles son rechazadas. En ese contexto de interacciones humanas se generan estructuras desiguales surgiendo las premisas de cómo nos autopercibimos y cómo nos perciben los otros. Aquel profesor describió los medios de comunicación como empresas, como canales tecnológicos, como estructuras casi estériles y sin proyección en la construcción de poder e identidad. El docente tiene cero de calificación.

Esta crítica es por los medios de comunicación digitales que abundan, que se han ido especializando en diversas áreas de acuerdo a la red social o canal usado. El mismo Castells los define como autocomunicación de masas. Esto es una ruptura de aquella definición del profesor que no ha entendido la responsabilidad que tiene frente a sus alumnos y que está siendo moldeado por esa prensa que no logró explicar o que no entendió la pregunta de su estudiante.

Lo anterior cabe en una sola frase “la responsabilidad social de los medios de comunicación” y se debe hablar de una reciente entrevista que la periodista Carolina Díaz, del “medio digital de opinión, crítica e investigación del Meta” La Tapa le hizo a Alan Jara, exgobernador del Meta, personaje ampliamente señalado por varios casos de corrupción, entre ellos la refinería del Meta. La entrevista solo fue un monólogo de un hombre defendiéndose de manera tranquila ante la ausencia de una interlocutora que lo interpelara contundentemente.

La charla fue planeada, cada detalle estaba previsto y se esforzaron para que pareciera un encuentro casual. La periodista se sentó y tuvo a un hombre al frente que gozó durante 34 minutos de un espacio como les gusta a los políticos: bajo un guion a su favor. Jara pudo exponer con total libertad su punto de vista con relación a la refinería, por lo cual la justicia lo absolvió. El asunto es que no hubo preguntas incómodas, no se expusieron documentos, no se contrastó la información en el en vivo y no hubo control ni preparación de la entrevista, este estuvo siempre en las manos del entrevistado.

Si el político está absuelto según los entes de control, esto no significa que no haya lugar a preguntas incómodas, que no exista el más mínimo asomo de investigación del tema y que se haya dado, de manera descarada, un préstamo de cámara y micrófonos para que una persona se diera autobombo con una tranquilidad desesperante. El hilo conductual de aquel encuentro fue manejado por Jara, llevó su entrevista o monólogo por donde quiso y las réplicas de la periodista estuvieron en línea con la apuesta comunicativa del entrevistado.

La absolución por parte de la justicia de un posible delito no significa que esa sea una verdad absoluta, porque se pudieron cometer errores en el proceso, el investigado pudo haber sido beneficiado por las entidades de control o los testimonios y pruebas recabadas podrían ser insuficientes. La prensa debe preguntar y para ello debe investigar a fondo, pedir documentos, leerlos, contrastarlos, hablar con fuentes y ante todo se debe confrontar con firmeza, porque la persona al frente no es un amigo ni un ser querido y no se está en una charla íntima, es una entrevista, es un espacio para que el periodista exponga su investigación.

¿Qué hubiese sucedido si Alan Jara ante una pregunta incómoda flaquea? ¿Y si ante un cuestionamiento con rigurosidad queda acorralado y termina confesando algo que las investigaciones no concluyeron? Lo sucedido es el resultado de una prensa amañada con el poder, que le permite actuar con libertad, que no cuestiona, que no desempeña un rol contrahegemónico, contrapoder y que no es independiente porque la pauta relacionada con la política doblega más que la certeza de la responsabilidad que se tiene con la sociedad.

Al finalizar la periodista llora porque se arrepiente de las cosas que ella dijo del político -aunque no aclaró cuáles fueron- porque considera injusto lo sucedido de acuerdo con esa verdad contada por él y le ofrece disculpas por lo publicado en su canal. Esto quiere decir que lo afirmado por la periodista en su momento no fue riguroso periodísticamente hablando y tuvo que hacer una especie de retractación en vivo. Esta entrevista no fue útil, le fue útil a Jara porque sucedió el escenario más cómodo para él, pero con el paso del tiempo queda al descubierto que esa charla no lo legitima ya que no hubo cuestionamientos serios y rigurosos de la entrevistadora. Ese momento de llanto pone fin a la estructura, si es que la hubo, de la entrevista, porque al inicio Carolina Díaz plantea que le preguntará por los elefantes blancos de su gobierno y eso nunca sucedió en el encuentro.

¿Qué dirá mañana aquel profesor si le vuelven a preguntar lo mismo? La rigurosidad en los medios de comunicación digitales se está ciñendo a procesos autoreplicantes, inerciales y desprovistos de rigurosidad. Por esto, en el concurso por los likes e interacciones, el medio de comunicación digital está llevando sus empresas por el camino de lo breve, de lo inmediato, de lo que actúa en concurso con el poder y para el poder. La crisis de los medios de comunicación va por dentro.

José Vargas

José Vargas

Estudió periodismo para preguntar porque nunca entiende nada y no sabe nada, por admiración a Jaime Garzón y por creer que alguien tiene que contar la historia. Por convicción es cuentista y novelista, más y mejor lo primero que lo segundo. Escribió su primera novela inspirado en el Llano colombiano e influenciado fuertemente por el tiempo, el territorio y el realismo. El susurro de las tripas fue publicado en tiempos de pandemia con Nueve Editores, editorial con la que repitió su segunda novela, El peso de la guitarra. Desde inicios del año 2023 vive en Argentina, en donde escribió su nueva novela Las tareas de Simón, un acercamiento al estilo surreal e informal que ha buscado por años.

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